La radiofrecuencia aplicada a la piel no es ninguna novedad: se usa desde hace más de dos décadas. Lo que ha cambiado, y explica el interés reciente, es la forma de repartir esa energía dentro del tejido.

El principio es sencillo. Una corriente de alta frecuencia atraviesa la piel y genera calor por la resistencia natural de los tejidos. Cuando ese calor alcanza cierto umbral, las fibras de colágeno se contraen y el organismo activa la síntesis de fibras nuevas. Es una respuesta biológica, no un efecto mecánico, y por eso los resultados tardan semanas en verse.

El límite histórico de estos equipos ha sido la profundidad. Cada frecuencia calienta preferentemente una capa: las altas se quedan cerca de la superficie y las bajas penetran más pero de forma difusa. Con un solo ajuste había que elegir entre tratar la dermis o el tejido de soporte.

La generación actual de equipos ataca justamente ese problema combinando frecuencias distintas en el mismo disparo. Es el planteamiento de XERF en Málaga, que emite 6,78 MHz y 2 MHz simultáneamente para cubrir varias profundidades en la misma pasada, incluida la capa de soporte que se tensa en un lifting quirúrgico.

Conviene no confundir la radiofrecuencia con el ultrasonido focalizado ni con los equipos de microagujas. Son mecanismos diferentes, con perfiles de tolerancia distintos y candidatos distintos. La radiofrecuencia externa destaca por no romper la piel y no requerir anestesia, a cambio de un efecto más gradual.

Quien vive en la Costa del Sol suele desplazarse a la capital para este tipo de tratamientos, ya que la aparatología de última generación se concentra allí; hay información específica sobre xerf torremolinos y sobre cómo llegar desde los municipios cercanos.

Como siempre en este terreno, el equipo importa menos que el criterio de quien lo maneja. Un buen profesional dirá que no cuando el caso pida otra cosa.